Usted está aquí

Mensaje de la Dra. Natalia Kanem

Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA

 

La pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) puede tener consecuencias duraderas en la población.

 

Para algunas personas, esto las ha llevado a aplazar la maternidad. Para otras, las interrupciones en la atención de la salud han dado lugar a embarazos no planeados.

 

Si bien aún no tenemos una visión completa de las repercusiones de la COVID-19 en la fecundidad, esas tendencias han propiciado preocupaciones alarmistas sobre el auge o desplome de los nacimientos.

 

 

Motivo de alarma deberían ser los casos en que las mujeres no pueden ejercer sus libertades y derechos sexuales y reproductivos, bien sea por la interrupción de los servicios de salud o porque la discriminación por razón de género les impide tomar decisiones relacionadas con el acceso a la atención sanitaria, el uso de anticonceptivos o las relaciones sexuales con sus parejas.

 

Lo que realmente conduce a sociedades saludables y productivas es que las mujeres puedan tomar decisiones fundamentadas con respecto a su salud sexual y reproductiva y tengan acceso a servicios que apoyen sus decisiones. Una mujer que tiene el control de su cuerpo gana no solo en cuanto a autonomía, sino que también logra avances en materia de salud, educación, ingresos y seguridad. Además, tiene más probabilidades de prosperar y, en consecuencia, su familia también.